Cada vez que China publica los datos trimestrales de su economía, los analistas diseccionan los datos en busca de indicios sobre la calidad del crecimiento, signos de posible ralentización o cualquier otra señal que afecta la recuperación global. Ha vuelto a ocurrir cuando la Oficina Nacional de Estadísticas ha publicado las cifras del producto interior bruto (PIB) de los tres primeros meses de año: la riqueza del país aumentó un 7,7% interanual —hasta 11,89 billones de yuanes (1,47 billones de euros)—, en medio de la ralentización y la inestabilidad de la producción industrial, la inversión y las exportaciones.
El crecimiento del PIB —varias décimas menos de lo que esperaban los analistas— supone una ligera disminución de la velocidad de la economía china respecto al 7,9% del último trimestre de 2012, cuando China invirtió una tendencia que llegó a situar en el tercer trimestre el crecimiento de la economía —un 7,4%— en el punto más bajo desde 2009.
El dato sobre la ralentización de la actividad de Pekín lastró la cotización de las materías primas. El oro y el petróleo fueron de los más perjudicados, aunque el sector minero sufrió la mayor caída en año y medio. El petróleo Brent rondó la barrera de los 100 dólares por barril y acumula un retroceso de casi el 10% en lo que va de año.
Ahora, sin embargo, las expectativas que manejan los analistas es la de una economía en recuperación, pese a los problemas de Europa, y sin una excesiva inflación, lo que resta atractivo al oro.
Otro de los efectos en cadena de la pausa china y el retroceso de las materias primas estuvo en Wall Street, que intensificó sus pérdidas. El Dow Jones se dejó más de un 1% a media sesión y el S&P 500 disminuía un 1,28%.
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