Thursday, June 20, 2013

Brasil, tocado por la indignación.

La ola de indignación que recorre el mundo desde al menos el 2008 tocó ahora a Brasil, el país más grande de América Latina. Esta emergencia de sociedades indignadas aparece del modo más insospechado en países con distinta historia y tradiciones, emergen con una fuerza que sorprende al orden establecido y a los medios tradicionales, deja fuera a los partidos y a la clase política y se construye con esquemas organizativos y horizontes políticos alternativos creativos y eficaces.
Algunos opinadores se preguntan por qué ahora la oleada de indignación surge en Brasil, considerado para muchos como el modelo de reformas exitosas que combinó capitalismo de mercado con políticas sociales progresistas, con la llegada de Lula al poder.
Las razones inmediatas de la protesta son conocidas: el anuncio del aumento del precio del transporte público de 3 a 3.2 reales (de 18.5 a 19.7 pesos) desató las primeras movilizaciones el lunes 10 de junio. Unas 3,000 personas salieron a las calles de São Paulo convocadas por el Movimiento Passe Livre.
Una semana después, las protestas sacaron a más de 250,000 brasileños en 18 ciudades, constituyendo la movilización social más numerosa desde las protestas en contra de la dictadura militar en 1968.
A poco de escarbar la información se encuentran razones de más peso que explican la protesta. Las manifestaciones son contra el aumento, pero también contra el mal servicio de transporte y las condiciones de trabajo y vida en la ciudad que obliga a millones de brasileños a pasar de tres a cuatro horas en el transporte cada día.
A esta inconformidad se suma la irritación creciente por el costoso y desproporcionado costo de la organización del Mundial de Futbol y de los Juegos Olímpicos. Hay muchos materiales brasileños que expresan fuertes críticas al gasto en estos eventos, en lugar de invertir en educación y salud.



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