Monday, June 17, 2013

Rusia bloquea un acuerdo del G-8 sobre una intervención en Siria


Ambos rígidos, solemnes, intercambiando una única y forzada sonrisa para estrecharse las manos al final del encuentro, el lenguaje corporal de Barack Obama y Vladimir Putin durante su entrevista de anoche en Lough Erne fue elocuente, no solo de la difícil relación entre estos dos personajes, sino del estrepitoso choque que Rusia y los demás países del G-8 han protagonizado hasta ahora en la cumbre celebrada en este bucólico paraje de Irlanda del Norte.
Obama y Putin sólo se pusieron de acuerdo en la necesidad de contener la violencia en Siria y buscar una solución política, lo que dicho así, en el vacío, rodeado de otras múltiples discrepancias sobre cómo conseguirlo y en medio de la situación catastrófica que se vive en ese país en este momento, es, desde luego, un resultado muy pobre.
Rusia ha dejado claro desde el primer minuto que condena tajantemente la decisión de Estados Unidos de armar a los rebeldes y que se niega a autorizar en la ONU la imposición de un espacio de exclusión aérea en ese país, lo que, unido al hecho de que Putin piensa, por su parte, seguir armando al régimen de Bachir al Asad, ha conducido a todos a un profundo derrotismo.
El primer ministro británico, David Cameron, reconocía que “existe claramente una gran diferencia entre la posición de Rusia y la del Reino Unido, Francia, Estados Unidos y otros”. Más pesimista aún, el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, advertía que, “a menos que se produzca un gran cambio de posición (de parte de Rusia), no va a ser posible conseguir un acuerdo”. Expresando abiertamente su frustración, el presidente francés, Francois Hollande, se preguntaba: “¿Cómo podemos decir que existen pruebas sobre el uso de armas químicas sin conseguir una condena unánime de parte de la comunidad internacional y del G-8?”.

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